Cada alerta que al final no requiere nada enseña a quien la lee que las alertas pueden esperar. Con el tiempo, las respuestas se ralentizan, los canales se silencian y los incidentes reales se detectan tarde. El término viene del ámbito sanitario, donde el personal expuesto a alarmas constantes deja de reaccionar a ellas.
Las causas son conocidas: alertas por una sola comprobación fallida, umbrales demasiado ajustados, muchas alertas por una misma causa, alertas que no requieren ninguna acción y todo dirigido a todos. Cada falso positivo suma.
Las soluciones: confirma antes de alertar, alerta sobre lo que notan los usuarios y no sobre cada métrica, dirige según la urgencia, silencia el trabajo planificado y revisa las alertas con regularidad, eliminando o bajando de nivel las que nadie atendió.